El nivel de reto, crucial para el Efecto de Prueba
De acuerdo a un estudio sobre los mecanismos detrás del llamado Efecto de Prueba, el nivel de dificultad es crucial para la efectividad de las pruebas como forma de aprendizaje. El efecto no sucede de forma garantizada si el esfuerzo cognitivo que se exige es mínimo o es sólo memorización.
De acuerdo al artículo “Mechanisms behind the testing effect: an empirical investigation of retrieval practice in meaningful learning” los investigadores Tino Endres y Alexander Renkl estudian más a detalle la capacidad de las pruebas para contribuir directamente al aprendizaje. El artículo analiza el denominado “efecto de prueba” (testing effect), es decir, la ventaja para el aprendizaje que produce recordar información al realizar una prueba, en comparación con simplemente volver a estudiarla.
Los resultados confirman la existencia de este efecto y aportan evidencia sobre uno de los mecanismos que podrían explicarlo: la recuperación elaborativa. En particular, los investigadores encontraron que, cuando una tarea exige un esfuerzo considerable, pero todavía puede resolverse de manera razonablemente exitosa, se favorece una mayor elaboración del conocimiento y, con ello, el aprendizaje.
Un resultado especialmente interesante fue que las pruebas también mejoraron posteriormente el recuerdo de contenidos que no habían sido evaluados directamente, siempre que estuvieran relacionados con la información recuperada. Los autores interpretan este fenómeno como una forma de activación propagada: el esfuerzo realizado para recuperar un concepto puede facilitar indirectamente el acceso a otros conceptos asociados.
En cambio, el estudio no encontró evidencia que respaldara dos explicaciones alternativas: la hipótesis de procesamiento apropiado para la transferencia y la hipótesis de objetivos inespecíficos. Tampoco se observó una ventaja clara de un formato de prueba sobre otro después de considerar el esfuerzo mental.
Desde una perspectiva educativa, estos resultados sugieren que el valor de una prueba depende menos de su formato específico y más del esfuerzo cognitivo que exige. Por ello, los autores se suman a la recomendación de adaptar la dificultad de las tareas al nivel de cada estudiante: utilizar actividades más accesibles para principiantes y desafíos mayores para estudiantes avanzados. En entornos digitales, esta adaptación podría realizarse mediante sistemas que ajusten las preguntas a partir del esfuerzo mental experimentado por cada estudiante.
En resumen, el estudio destaca que las pruebas son herramientas efectivas para el aprendizaje propagado, y por tanto un desperdicio si únicamente se usan en la evaluación, siempre que impliquen un esfuerzo de recuperación que el estudiante pueda afrontar con éxito.
Renkl, A. (2015). Mechanisms behind the testing effect: an empirical investigation of retrieval practice in meaningful learning. Frontiers in Psychology.